
En alimentos dulces, un ingrediente que siempre queda bien es el anís. Su sabor inconfundible le añade un toque maravilloso a los postres y aperitivos elaborados con él, y ni que hablar del delicioso licor de anís que todos habremos probado alguna vez. Bien, los beneficios del anís son tan aprovechables como su delicioso sabor.
Las semillas, raíces y el bulbo del anís son aprovechadas por los herbalistas, quienes aprovechan el contenido vitamínico del anís. De hecho, esta planta tiene numerosas aplicaciones medicinales, y en aromaterapia o bien por vía oral las mismas pueden aprovecharse.
En primer lugar vale destacar su valor para curar problemas gastrointestinales. Al estimular la producción de jugos gástricos, el anís da por sentado una buena digestión, a la par de que su accionar incrementa el apetito. Además, es importante destacar su potencial para reducir el dolor de cólicos y su acción como antiflatulento.
También en personas con enfermedades respiratorias el anís puede ser aplicado con éxito. Los fitoquímicos del anís permiten remover las congestiones en los pulmones y en la nariz, siendo un magnífico expectorante. Puede aplicarse en vahos o bien consumiendo té de anís. Finalmente, otra de las propiedades del anís compete a la lactancia materna, pues mejora notablemente la producción láctea. Las mujeres lactantes pueden consumir semillas de anís regularmente para ello.
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